(Extraido de su canal de WhatsApp)

[!note] Noticia Bachelet revela que Sebastián Piñera le propuso encabezar la ONU: “Yo te apoyo y te propongo”

Paula Morales - La Tercera

Esto es muy interesante. Creo que aquí se refleja una especie de nostalgia por los 30 años de la Concertación (+ Piñera), es decir, los primeros 30 años después de la vuelta a la democracia. Pienso que hoy estamos en una etapa donde la visión de Estado ya no es la prioridad de quien gobierna.

El simple hecho de pensar que incluso Piñera, si hubiese seguido vivo, probablemente habría apoyado la candidatura de Bachelet a la ONU, da cuenta de que se ha puesto el orgullo ideológico por encima del orgullo por el país. De hecho, dentro de las pocas cosas rescatables que le reconozco al gobierno anterior —que considero regular tirando a mediocre— está precisamente haber postulado a Bachelet como candidata a la Secretaría General de la ONU.

Puede incomodar a alguien de derecha más encasillado, pero hay que asumirlo: Michelle Bachelet es la mujer más importante de Chile, al menos del Chile moderno. Fue dos veces presidenta, participó en ONU Mujeres, fue Alta Comisionada de Derechos Humanos y presentó informes que constataban violaciones a los derechos humanos en Venezuela durante la dictadura de Maduro. Es una trayectoria que impacta a Latinoamérica, y el respaldo de países como México y Brasil dice mucho.

En ese contexto, es fácil pensar en la metáfora: pasaríamos de “la mamá de Chile” a “la mamá del mundo”. Como si la mamá tuviera una oportunidad de ascenso importante y el papá dijera “vos dale, te apaño”; ese “papá” sería Piñera. Porque objetivamente, ella tiene lo necesario para, al menos, dar pelea.

Sin embargo, aparece Kast y, bajo el contexto de un gobierno de emergencia, decide dejar de apoyar como Estado esa candidatura por considerarla inviable. Al menos señalaron que no apoyarían a otro candidato, pero aun así el gesto es mínimo.

La posibilidad de que Bachelet sea Secretaria General de la ONU existe. Y más allá de cuán probable sea —porque ese no es el punto— vale la pena plantear el caso extremo: ¿qué pasa si gana? Porque ocurra lo que ocurra, el hecho de que Chile deje de apoyar a su propia candidata ya nos deja en una posición diplomática débil. Y si eventualmente gana, la vergüenza sería mayor.

Entonces surge una pregunta más de fondo: ¿qué pasó con Chile? Antes, cuando alguien del país triunfaba a nivel internacional, se celebraba como un logro colectivo. Pasó con Cecilia Bolocco, con el Chino Ríos, con “Historia de un Oso”, con la Copa América. ¿Por qué con la política no ocurre lo mismo?

Quizás existan casos que no tengo presentes, pero con Bachelet parece que muchos prefieren hacerse los ciegos en el peor momento. ¿Será que hoy pesa más el fanatismo, la rabia y la lógica de oponerse al otro? Algo que se vio tanto en el Boric inicial como en el Kast de la batalla cultural.

También puede haber una raíz en esa necesidad de aparentar superioridad moral e intelectual, que paradójicamente termina desmantelando cosas del país cuando lo razonable era corregirlas. Me refiero tanto a esa actitud del inicio del gobierno anterior —más frenteamplista— que envejeció mal, como a la respuesta rabiosa y extrema que vino después —republicana y libertaria.

Dentro de todo, exonero a Boric en un punto: es probablemente el único que mostró cierta madurez al entender lo que implica ser jefe de Estado. Aun así, no me gusta la nueva postura del oficialismo; la encuentro desagradable y, en algunos casos puntuales, poco profesional.

Y es posible que la historia se repita: que el relato se desgaste, que se acumulen errores, y que eventualmente ya no haya a quién culpar. Porque ahora son gobierno. Y cuando intenten reutilizar ese relato, ya no va a tener el mismo efecto.

En fin, esto fue un desahogo fuerte. Pero si hay algo que me queda claro, es que hace falta más moderación y menos lógica de trinchera. Y, sobre todo, dejar de parecerse a los twitteros pro gobierno, que funcionan más como un fandom tóxico que como un espacio de discusión seria.